
Se acerca el verano y el color blanco terapia que nos deja el invierno, tiene que desaparecer. En Córdoba la moda del bronceado caribeño, se impone año tras año, contrario a lo que ocurre en Europa. La tendencia se traslada a los más jóvenes, y los hombres también invierten horas al sol o en el solarium, a diferencia de lo que ocurría años atrás. ¿Qué riesgos acarrea esta tradición estival?
Tomar sol, es un clásico. Desde tiempos muy remotos, el sol ha sido el principal aliado para los fanáticos de la piel tostada. En nuestro país, las personas de clase media y alta, invierten horas al sol, o si buscan un color más rápido, un par de minutos en la cama solar. “El bronceado es una cuestión cultural, de moda, que debe desterrarse” asegura la doctora Mariana Papa especialista en dermatología del Hospital Córdoba. En otros países, como los europeos, o norteamericanos, la piel bronceada puede caracterizar a una persona como ociosa y falta de sofisticación, puesto que una persona intelectualmente activa no “pierde” el tiempo bronceándose.
No obstante, en nuestro país la venta de productos para potenciar el bronceado es muy alta, mientras que la de protectores solares, especialmente los de factor alto, no es tal. Los productos que lideran el ranking de ventas, son los aceites, bronceadores, pastillas de caroteno, entre otros. Asimismo, podemos enumerar otras tantas técnicas caseras para intensificar el efecto solar, como el agua con sal, las gaseosas cola, aceites de cocina, jugo de zanahoria, entre otros. Estas métodos, que pueden parecer alocados, pueden ser altamente perjudiciales. “Estas técnicas caseras brindan una mayor sensación de que estás quemada, pero deshidratan la piel”, nos advierte la especialista.
Existe una realidad que no podemos obviar, la capa de ozono ha sufrido importantes daños en los últimos años, especialmente en la zona sur de nuestro planeta, de la que Argentina es parte. “Los riesgos van aumentando por condiciones internas: mala alimentación, se duerme mal; y externas, por las alteraciones en la capa de ozono”, señala la doctora Papa. El sol transmite rayos ultravioletas de tipo B, que actúan de manera más superficial sobre la piel, y rayos ultravioletas A que actúan de manera más profunda. “Los UVB, son los que producen enrojecimiento, lesiones premalignas y envejecimiento de la piel”. Este tipo de rayos se encuentran presentes en la franja horaria de mayor intensidad solar, que varia entre las 11 y 12 horas, hasta las 15 o 16 horas de la tarde. Sin embargo, para resguardarse de los UVB, simplemente se necesita un protector de que supere el factor 20.
Las camas solares, transmiten rayos ultravioletas de tipo A. Estos rayos agotan los sistemas de autodefensa de la piel “generan daño en profundidad y son los que más alteran el ADN”, producen fotoenvejecimiento cutáneo irreversible, es decir, originan arrugas y pérdida de elasticidad. A diferencia de los UVB, estos rayos son transmitidos desde que sale el sol, hasta el ocaso. “La cama solar, no es recomendable en ningún caso, salvo excepciones, por cuestiones terapéuticas, pero que también son discutibles”, enfatiza la dermatóloga.
Las lesiones que pueden producir en la piel, tanto el sol como la cama solar varían entre manchas, lunares, arrugas, hasta el cáncer de piel, la consecuencia más temida. Existen tres tipos de cáncer de piel, más comunes: “carcinoma basocelular, el carcinoma espinocelular, y el más grave, el melanoma”. El melanoma se detecta a través de la aparición de manchas y lunares, y las alteraciones en los mismos. De detectarse a tiempo, este tipo de cáncer puede curarse en la mayoría de los casos. Es por esto, que es fundamental acudir con frecuencia al dermatólogo, y conocer nuestra piel y nuestro cuerpo, para poder visualizar estas variaciones.
“El sol forma parte de nuestra vida uno tiene que aprender a convivir con él”, nos aconseja la doctora Papa. Una cuestión estética y cultural puede poner en riesgo nuestra vida. La sombra, no es la solución, si no el respeto al sol. La necesidad de concientizarnos es apremiante, protegernos, exponernos por menos tiempo son algunas de las soluciones. Obtener un color envidiable y sin riesgos, es posible.
María Monserrat Cattaneo Buteler